Vanessa Sánchez Restrepo.
Las becas estudiantiles parecen haberse quedado en las proyecciones un tanto ambiguas de la mayoría de universidades de Manizales. Buscar en un portal de intercambios o propuestas académicas para validar materias o acabar las carreras de posgrado es un asunto casi imposible, en primer lugar porque la mayoría sólo las brindan para personas profesionales y en segundo lugar porque exigen mínimo dos años de experiencia para aplicar en las ofertas.
El conflicto ya no es ni siquiera si el estudiante se graduó o no, sino por una imposición absurda de pedir cierto lapso de trabajo para comprobar que sí se tiene además de las ganas, la capacidad de soportar un reto distinto al que se enfrenta en la universidad.
A lo mejor las academias se rehúsan a aceptar la verdad, porque justifican sus actuaciones bajo la premisa de la falta de difusión. Unos dicen que si hay propuestas, pero que falta un sistema comunicativo que la valide y se de a conocer: otros tantos expresan que ofertas sí hay pero que está enfocado a un público distinto al estudiantil.
Otra conclusión válida que puede existir es que la promoción se extiende sólo a las personas que por motivación propia se dirigen hacia las oficinas dedicadas a este fin, aunque no debería ser así, porque las políticas institucionales deben extender los ofrecimientos no sólo al que quiera sino a todos los estudiantes, que por derecho, pueden acceder de manera libre e independiente a la información y hacer uso de ella sin restricciones.
Creer que la política de la cartelera se extinguió no es un método viable, entre tanto las universidades no se ingenien otro medio para dar a conocer sus pretensiones. Además la adjudicación de becas tiene que ser un propósito que nos concierna a todos, porque eso de que sólo los profesionales puedan acceder a ofertas estudiantiles o laborales es una técnica mandada a recoger.

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